jueves, 23 de abril de 2009

40 años(II)

Cuando salimos, sacó su pitillera, esta era de oro, pero en el interior, guardaba junto con los cigarrillos, un trozo de la que le regalé yo, apenas lo pude ver, cerro la pitillera, como tantas otras veces hice lo mismo que siempre hacía, lo tenía tan arraigado en mi memoria, que pese a que ya no era un crio, salió como un resorte. Cogí el cigarrillo de su boca, la dí un beso timido y de mi boca salio un gracias,Ella frunció el ceño y las arrugas afloraron para recordarme que ya no eramos niños, sacó el segundo cigarrillo, esta vez pude ver mejor el trozo y comprobé que efectivamente era un resto de cuero negro rojizo, sabía que era el que le regalé nuestro primer aniversario. Saqué el mechero, y encendí su cigarrillo y luego el mio.

El humo entro por mis pulmones y me hizo toser, la segunda calada tambien, y la tercera, hasta la cuarta no me acostumbré de nuevo al tabaco, hacía tanto que no lo probaba, que me había olvidado de el, ella me miró, y con cara de preocupación me dijo.
-¿estás bien?-
- si, claro, es solo el principio-
-¿solo el principio?
-si, te acuerdas del cigarrillo que nos fumamos antes de entrar al metro?-
-jamas me supo uno tan amargo y tan mal.-
-pues ese fue el último que me pude tomar, desde ese no me supo bien ninguno, salvo este.-
-me alegro, yo no he podido dejarlo.-
-eso te acabará matando hija mia.-
nos paramos y nos reimos los dos un par de minutos.
Pasamos las taquilllas del metro, pagamos nuestros billetes y ahí cambio todo, los recuerdos las sensaciones, todo, volvio, el olor no era comprarable pero era el mismo, y como si llevaramos minutos sin hacerlo volvimso a besarnos, lentamente, nada había cambiado y por supuesto todo era distinto. fuimos al hotel, como si fueramos una pareja de jovenzuelos, dos personas que se están descubriendo poco a poco, no había nada ni nadie mas, los besos y las caricias eran un no parar, ese era el día, y el momento, como si no hubiera pasado ninguno de los años.
Salimos del metro, llegamos al hotel a los pocos minutos, entramos en recepcion y fui a pedir la habitación como un caballero.
-Disculpe, quiero la habitación de la planta mas alta, que tenga.- se me había adelantado, casi como siempre, ella siempre iba un paso por delante mio.
-claro señora, me permite su tarjeta para cumplimentar los datos?- el timbre del botones sono, quien llego instantaneamente.
-Subeles las maletas a los señores.- la amable chica de recepción le hizo una carita al chaval y este busco nuestras maletas.
-no llevamos... dije con la voz temblando
-venimos de compras.-Sus excusas siempre fueron mas creibles que las mias y mas cuando ibamos a hacer lo que ibamos a hacer.
-bueno pues llevales a su habitacion, y esperamos que disfruten de la estancia-. era una chica muy agradable, el chico salio rapido al ascensor y mientras nosotros nos cojimos la mano. mientras subiamos, le bese la mano mientras con la otra iba buscando un billete para el chico.
Nos llevo a nuestra habitación, una suite bastante cara, posiblemente no pudiera pagarme unas vacaciones en esa habitación, pero esta era una ocasión especial.
nos abrió la puerta
-Bienvenidos al hotel, muchas gracias por confiar en nosotros- la cantinela sono como si lo dijera una maquina, pero bueno cada hotel tenía sus normas. Le di el billete, el mas grande que había y le despedi, ella en cambio le dijo, al chico.
-Porque no usas ese dinero para invitar a cenar a la chica de recepción, lo está deseando.-
el chico miro el billete, que no había mirado hasta el momento(la educacion y la etica les impide hacer eso) y se puso rojo, al salir tartamudeo
-gra gra gracias, espero que quiera cenar conmigo.-
nos pusimos un poco mas comodos, nos volvimos a besar y salimos por el balcón, el jardin era casi precioso, la botella de champan estaba esperandonos, pero ese no era un día para celebrar, nos besamos una vez mas, miramos al balcon, la altura impresionaba, volvimos a mirarnos, nos volvimos a besar, y dijo.
-el ultimo beso.-
a lo que instantaneamente, conteste-o el primero de muchos otros, quien sabe.-
en ese instante mientras nuestras cabezas eran una sola, me eché para atras, y mientras la abrazaba nos dejamos caer, la caida fue tan placentera como el beso, y vi pasar la vida, pero solo los buenos momentos. y ahí estaba ella sonriendo mientras caia a mi lado.

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