jueves, 23 de abril de 2009

40años (i)

Eran las 9 y media cuando entré al bar, exactamente igual que todos los días.
- Hola, lo de siempre-
-buenos días, ¿cafe solo, no?-respondio el camarero
-si, por favor, ah, y dejame los periodicos-
-¿Periodicos, usted no los lee?-en ese momento ese joven alucinó, pero le tendió el monton.
-ya, lo sé pero hoy es un día especial-
-¿Va a salir en ellos?- pregunto
-no, hoy es mi cumpleaños.- respondio con una sonrisa forzada.
-felicidades, y que se conserve usted por muchos mas.-
rapidamente el café llego a mi mesa, y mientras hojeaba el primer periodico, iba tomando mi taza.

ahí estaba, el cartel que había puesto, era una cantidad amplia de dinero pero solo lo iba a hacer una vez.
¿Eres feliz?
porque yo no y un numero de clave para publicar en el periodico. Me los leí todos, los anuncios de casas, de empleo, de contactos y salvo el mio nada, ninguno era el que yo buscaba.
pensé "bueno, al menos hay alguien feliz". Mientras seguía mirando las paginas, me iba acordando de todo, decayendo como si los años pasaran en cada linea y en cada columna; quien iba a pensar que se acordaría despues de tanto tiempo, a demas, siempre supe que encontraría a alguien que la hiciera feliz, nunca, jamas, pense que pondría el anuncio, pero bueno, en fin, siempre fui un poco soñador, mire las paginas de economía, pasé un poco apresuradamente a las de deporte a ver que se contaban, y de repente el mundo cambió. casi un cuarto de periodico de la página de deportes ocupada por un anuncio.

"Por supuesto que no he conseguido ser feliz."
" Esta tarde donde siempre a las 17 "

Sin numero, sin clave, nada, pero ahí estaba, eso era lo importante, a la media hora, recibí un mensaje. una respuesta al anuncio, llamé para escuchar el mensaje, me decía simplemente, llevaré un sombrero y un broche.

El café me supo a gloria, y no pude trabajar practicamente en toda la mañana, pero eso no iba a importar demasiado, hoy era el día, despues de unos dulces con los compañeros de trabajo, y tras insistirles en que necesitaba irme a casa, que tenía planes, el día siguió pasando, casi tan lentamente, que no podía pensar en otra cosa que en la cita.

Volví a pasear por aquellas calles y en definitiva aquel barrio, que ahora estaba un poco mas alicaido y mas sucio lo mas increible, nuestra cafetería seguía existiendo, otro nombre, otra clientela, y otros dueños pero seguían estando. miré mi reloj y me dispuse a entrar.

Una decoración mas moderna había desterrado la barra antigua, la madera y los taburetes, habían sido sustituidos por por gotele. ysofas. me senté en una mesa para dos, pedí un café y me dispuse a tomar mi café, de repente una mano, cogió el azucarillo del plato del café; un poco huesuda, larga y con unos dedos finos, dijo:
- gracias por guardarmelo- puso su taza en la mesa y se sentó.
-Como no iba a hacerlo, con la de tiempo que te he esperado, y la de azucarillos que se han desperdiciado.
Rasgó con cuidado el segundo azucarillo, lo vertió sobre su té y poco a poco metió la parte rota dentro del sobre, mientras hacía esto esperaba a que yo hablara, pero... no podía, veía su cara, veía sus ojos, y su expresion y... no podía articular palabra, ella siempre fue mucho mejor que yo, y ese silencio desaparecio.
Con un poco de temblor en su voz, dijo- entonces no eres feliz?-
-no, desde que no estamos los dos juntos la felicidad ya no es lo mismo, aunque algun tiempo de felicidad hubo...- Respondí con aire melancolico e intenté cambiar el curso de la conversación.
-Entonces veo, que no soy el único.-
-Bueno, nadie dijo nunca que esto fuera facil.- La tristeza en su rostro era casi como... la mia, porque seguro que era algo parecido.
-Veo que no llevas alianza-observe.
-tu tampoco.-
-touche, la llevé, pero no duró.-mi respuesta fue... como un jarro de agua fria para mis recuerdos.
-¿bueno, a donde vamos?¿por qué no te has olvidado de la promesa, no?-recordaba la promesa, y aun así no tenía muy claro lo que iba a pasar.
-pues... creo que hay... un hotel... que tiene una planta 60.- Efectivamente, lo sabía, era la planta mas alta visitable de toda la ciudad.
-¿tu crees que nos servirá.?-preguntó, con calma.
-claro que sí. tiene una pequeña terraza exterior y un parque en la calle, con lo cual no causaremos problema.- había pasado alguna vez por ahí. pero nunca me había alojado.
-pues vamos, ¿en tu coche o en el mio.?- esa pregunta me sonó un poco estupida, si no había cambiado mucho ella no conducía, no le gustaba.
- he venido andando.- respondí, con franqueza.
-vaya, tendremos que ir en metro.- Podíamos haber pagado un taxi, sin problemas, pero... el metro era una buena opción.
-con la cantidad de recuerdos... será divertido.-
pagamos las consumiciones y salimos al exterior.

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