viernes, 28 de agosto de 2009

de luz a luz




En un remoto templo que se ubicaba en las montañas de Japón, cuatro monjes decidieron hacer un retiro que les exigía un absoluto silencio. En la noche, el frío arreció, y una fuerte brisa entró en el templo.

El monje mas joven de todos exclamó: “¡Se ha apagado la vela!”

“¿Porqué hablas?” le dijo el monje de mayor edad. “¡Se supone que estamos en un retiro de silencio!”

“¡Me pregunto porqué están hablando en lugar de mantener el silencio, tal como habíamos acordado!” gritó el tercer monje.

“¡Yo soy el único que no ha abierto la boca!” recriminó el cuarto monje.


Bueno, mi explicación es la siguiente, sucede un hecho, en este caso que se apaga la vela, el monje mas joven, es decir, nosotros al principio de nuestra busqueda del camino, rompemos con el voto de silencio que hicimos, para decir, hey, que esto que no debía de pasar, ha pasado. El segundo monje, el mas viejo, es nosotros en nuestra vejez, que en vez de continuar con nuestras cosas increpamos al joven por su error y, a su vez tambien rompemos ese voto, movidos por el deseo de corregir la falta de la juventud. El tercero, quien está en una meditación real, hasta el punto que no se ha dado cuenta de que la vela se ha apagado, se pregunta el porqué de esa situacion, que le molesta la concentración, o lo que es lo mismo, vuelve de esa concentración real, y se distrae con algo mundano, lo que le lleva a romper las reglas. y el cuarto es el ego, cuando ve que el resto han perdido la "apuesta" o lo que es lo mismo, cuando ve que el resto no han llevado a cabo el retiro correctamente, este al verse "vencedor" del retiro, y movido por su ego, rompe las reglas y cae tambien.


y como esta semana iba de luces, os pongo otro relacionado.

Hace mucho tiempo en Japon, solian usarse faroles hechos con bambu y papel, llevando dentro una vela. Un hombre ciego, al acabar de vistar a un amigo, este le ofrecio llevar consigo un farol de vuelta a casa.

“No me hace falta ningun farol,” dijo, “oscuridad o luz es lo mismo para mi.”

“Ya se que no necesitan un farol para encontrar tu camino,” respondio el amigo, “pero si no llevas una, alguien podria chocarse contigo, asi que debes llevar una.”

De este modo el ciego tomo el farol y partio hacia su casa. No habia andado mucho cuando alguien se choco de frente con el.

“¡Mira por donde vas!”, exclamo el ciego, “¿Acaso no ves este farol?”

“Tu farol se ha apagado, hermano”, respondio el extraño.

ze

1 comentario:

laparca dijo...

Esto me recuerda a las luces de posición que a veces la gente se olvida de ponerlas por las noches...

En realidad no encuentro el mensaje. Yo le habría dado a parte del farol un cascabel, así se sabría que hay alguien andando aunque no se le viera (puede que ande por ahí la cosa).