martes, 18 de agosto de 2009

La vela que se apaga



Veinte monjes y una monja de nombre ELLA, practicaban la meditación con cierto maestro.
ELLA era muy bella, aún a pesar de llevar la cabeza afeitada y vestir las burdas ropas del monacato. Varios monjes estaban en secreto enamorados de ella. Uno de ellos le escribió un día una carta en la que le declaraba su amor, insistiendo en que concertase con él una entrevista en privado.
ELLA no contestó. Al día siguiente el maestro daba una conferencia al grupo. Al acabar la disertación, ELLA se levantó y señalando con el dedo al autor de la misiva dijo: "Si en verdad me amas tanto, ven aquí y abrázame ahora".


Personalmente , creo que de lo que va, es de esconder el amor, si eres capaz de esconder tu amor, es que realmente no amas, porque cuando amas es complicado que no se note. Es decir, tienes que vivir la vida, pero sin esconder lo que eres y ese amor que sientes es una parte esencial; ella sabiendo que a lo mejor el monje tenía un problema con el maestro porque si realmente la amaba iba a acudir a la llamada, pero si no la amaba realmente no iba a moverse, decidió probar si su amor era puro.


Este me gusta bastante, da mucho que pensar.



En un remoto templo que se ubicaba en las montañas de Japón, cuatro monjes decidieron hacer un retiro que les exigía un absoluto silencio. En la noche, el frío arreció, y una fuerte brisa entró en el templo.

El monje mas joven de todos exclamó: “¡Se ha apagado la vela!”

“¿Porqué hablas?” le dijo el monje de mayor edad. “¡Se supone que estamos en un retiro de silencio!”

“¡Me pregunto porqué están hablando en lugar de mantener el silencio, tal como habíamos acordado!” gritó el tercer monje.

“¡Yo soy el único que no ha abierto la boca!” recriminó el cuarto monje.

3 comentarios:

tita hellen dijo...

Jajaja!

Esto, aunque no se vea, tiene una explicación de psicológica detrás: el primero, en vez de ponerle solución al hecho de que la vela se apagó, lo verbaliza, porque le pone ansioso, el siguiente, se contagia, porque ha hablado, el tercero, se contagia y el último, por el hecho de ser el único que no ha dicho nada, por tener el peso de la promesa.

Supongo que cuando todos rompen una promesa tan simple de mantener y tan dificil a su vez, no merece la pena mantenerla, porque creo que el cuarto, cuando todos se han rendido, no veia importancia a la misma.

laparca dijo...

Evidentemente ninguno cumple con el propósito del retiro (a la hoguera con ellos).

Lo primero de todo, el ser humano es un animal de costumbres, así que la solición sencilla es hablar (estamos acostumbrados a comunicarnos así). Esto hace que sea lo más rápido a hacer.

Lo segundo es que no enciende la vela, sino que lo dice. Esto se debe a que preferimos protestar a poner soluciones (en España esto es todo una filosofía de vida que practicamos la mayor parte).

Por último, no sé hasta que punto es importante el hecho de que el último hable porque lo hayan hecho los demás o simplemente porque de otro modo le costaría hacer notar que él no ha hablado (también nos gusta hacernos notar y demostrar nuestros logros).

Vamos, no tengo una solución concreta pero sí algunas cosillas en la cabeza (sobre todo pájaros).

goblinoide dijo...

Pues yo diría que es más fácil ver los errores de los demás que los nuestros propios. Si los demás, al ver el fallo del primero, no hubieran querido reprenderle su conducta, los demás habrían conseguido hacer correctamente el retiro de silencio que se habían propuesto, pero no se dieron cuenta de que ellos mismos estaban hablando (fallando) mientras reprendían al primero.

Y bueno, sé que sobre la primera historia no has preguntado, pero es que también me ha dado mucho que pensar (cosa buena, porque supongo que es el propósito de estas historias), y querría decir unas palabras sobre porqué creo que es ELLA la que no merece el amor de él ni el de nadie; es simplemente por la definición del amor que más me ha gustado de todas las que he visto. Seguro que te suena ;)

"Mi corazón se siente como.... Mi pecho no lo puede contener, siento como si ya no me perteneciese a mí, sino a ti... Y si lo quisieras, NO DESEARÍA NADA A CAMBIO. NADA DE REGALOS, NI DEMOSTRACIONES DE DEVOCIÓN. Solamente saber que tú me amas también...
Sólo tu corazón... a cambio del mío."


Un abrazo