viernes, 18 de septiembre de 2009

El fantasma



Hakuin solia hablarle a sus discipulos sobre una mujer mayor que tenia una tienda de te, alabando su entendimiento del Zen. Los estudiantes se negaban a creerle, y solian ir a la tienda a comprobalo por ellos mismos.

Cuando la mujer los veia entrar, podia saber de un vistazo si venian a por te o a fisgonear sobre su entendimiento del Zen. En el primer caso, los atendia con gusto. En el segundo, les pedia a los alumnos que les siguiesen a la trastienda. En el instante en que les obedecia, los golpeaba con un hierro para atizar el fuego.


que grande era Hakuin.

Bueno, este a mi me parecio facil tal como yo lo ví. Habla de la experiencia y del saber ver las intenciones ocultas de la gente, concretamente de los alumnos. Aunque habla tambien de la incredulidad hacia tu maestro, por eso los golpes por no creer al maestro, por parte de la señora y sobretodo por la doble intención, el ir con intención de hacer una cosa, pero ocultar tu verdadera intención; intentaban ir a ver si les enseñaba algo excusandose en el té, y evidentemente, la mujer sabía perfectamente si llevaban intenciones ocultas.


Esta semana. uno curioso, no tengais miedo por mucho que hable de fantasmas.

Una joven esposa cayo enferma y estaba a punto de morir. "Te amo tanto", le dijo a su marido, "no quiero dejarte. Si yo falto, no quiero que busques a ninguna otra mujer. Si lo haces, volvere como un fantasma y te hare la vida imposible".

La mujer no tardo en fallecer. El marido respeto su voluntad los tres primeros meses, pero luego conocio otra mujer y cayo profundamente enamorado. Se prometieron en matrimonio.

Inmediatamente despues de comprometerse, el fantasma de la mujer se le aparecio cada noche al hombre, echandole en cara el no haber cumplido su promesa. El fantasma era muy listo. Ella podia decirle con exactitud todo lo que habia entre el y su nuevo amor. Si el le hacia un regalo a su amada, el fantasma lo podia describir con detalle. Podia repetir conversaciones enteras una y otra vez durante toda la noche, impidiendole conciliar el sueño. Le aconsejaron preguntar a un maestro Zen que vivia cerca e la aldea. Al final, desesperado, acudio al maestro en busca de ayuda.

"Tu antigua mujer se ha convertido en un fantasma y sabe todo lo que haces.", comentaba el maestro. "Hagas lo que hagas y digas lo que digas, ella lo sabe. Cualquier regalo que le hagas a tu nuevo amor, ella lo conoce. Debe de ser un fantasma muy sabio. Deberias admirarla. La proxima vez que se te aparezca, dile que ella sabe tanto que no puedes esconderle nada, y que si te responde a una sola pregunta, romperas tu compromisio y permaneceras soltero."

"¿Que pregunta debo hacerle?", pregunto el hombre.

El maestro contesto: "Mete la mano en un saco de lentejas y saca un buen puñado. Entonces preguntale cuantas lentejas tienes en tu puño. Si no s capaz de contestarte, sabras que ella no es mas que una imaginacion tuya, y no te molestara mas."

La siguiente noche, cuando el fantasma se le volvio a aparecer, el hombre le dijo que ella sabia tanto que no podia esconderle nada.

"Claro que si,", respondio el fantasma, "de hecho se que fuistes a ver a ese maestro zen hoy."

"Y ya que sabes tanto," dijo el hombre, "¡dime cuantas lentejas tengo en mi mano!

Y ya no hubo fantasma para responder la pregunta.

2 comentarios:

laparca dijo...

Yo creo que se refiere a las propias trabas que nos creamos nosotros mismos y que nos impiden que razonemos adecuadamente. En este sentido, lo que se sucede al viudo es que se culpa de estar con otra mujer y a causa de su promesa ve al fantasma.

De igual modo, nosotros podemos imponernos restricciones a causa de nuestras costumbres o conocimientos (ahí esta esa famosa frase de "como no sabían que era imposible, lo hicieron").

tita hellen dijo...

Muchas veces nos azota más la conciencia que los demás, y nos reprobamos más nosotros que los demás.

De todos modos, es que aceptar una muerte es muy duro, llegar a la etapa de aceptación es complicado y creo que además, el hombre se culpa por el sufrimiento de ultratumba de la mujer, cuando la mujer nunca debió hacerle prometer que no se enamoraría, uno debe dejar libertad a los suyos para que encuentren la felicidad aunque uno no esté y que sea la felicidad verdadera, venga en la forma en que venga.